jueves, 23 de marzo de 2017

'El arte de la guerra', arte para la guerra diaria


Leído. Releído. Vuelto a leer. Una vez y otra. Regalado no recuerdo las ocasiones. Un imprescindible. Un libro al que volver constantemente. Buscarlo en su estantería (a veces me cuesta, porque voy regalando los míos y no siempre recuerdo el lomo del actual) abrirlo por cualquier página y leer una de las frases. Dos, como mucho. Sentarme en el orejero con las piernas cruzadas, las páginas apoyadas en mi pecho y pensar. Porque eso es lo que te pide cada una de las sentencias que Sun-Tzu (no está claro quién fue o si fue una persona o un colectivo) plasmó en 'El arte de la guerra', que pienses en ellas. Se concibieron para la guerra, para ejércitos que luchaban cuerpo a cuerpo en escenarios complicados con generales que cambiaban su estrategia en cada combate y en cuyas filas contaban con antiguos enemigos y que se veían obligados a sacrificar sus bienes para que el adversario no se hiciera con ellos. Sí, esas sentencias se crearon y se juntaron para la guerra, pero... ¿Cuántas guerras luchamos cada día? 'El arte de la guerra' sirve también para esas pequeñas o grandes batallas que libramos constantemente, contra otros, contra algo, contra nosotros mismos... Por eso de vez en cuando busco mi ejemplar, y lo abro por donde sea, da igual, y leo un par de frases. Primero en silencio. Luego susurrándolas. Después con la voz algo más alta. Y entonces las repito en mi interior varias veces, sentada con las piernas cruzadas y las páginas por donde se ha abierto pegadas a mi pecho. Y pienso. Pienso en mi último pequeño combate. Y en cómo esas sentencias leídas al azar podrían derivar en una pequeña victoria. 'El arte de la guerra' te enseña a no malgastar energía, que la mejor victoria es aquella que se logra sin combatir porque te permite conservar todas las fuertas, todas las herramientas y, lo que es más importante, a todos tus hombres. Te enseña a analizar bien el terreno antes de tomar una decisión y que los prisioneros, bien tratados, pueden acabar convirtiéndose en los mejores de tu ejército. Te enseña que si te haces con armas de guerra del contrario debes mantener su bandera, porque así se desmoralizarán; que debes tener buenos espías, ser rápido en las decisiones y no cometer errores, porque ahí, en no equivocarse, está una de las claves de la victoria.

"Todo el arte de la guerra se basa en el engaño.
...la excelencia suprema consiste en someter al enemigo sin luchar.
Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, 
sucumbirás en cada batalla.
Un reino que ha sido destruido una vez, 
ya no puede volver a ponerse en pie.
Si con ello vas a sacar ventaja, avanza; 
en caso contrario, quédate donde estás."

Título: El arte de la guerra
Autor: Sun-Tzu
Editorial: Obelisco
Páginas: 112
Precio: 1,5€
Procedencia: mercadillo

lunes, 20 de marzo de 2017

'La hija de Homero', cuando una princesa convierte lo doméstico en épico

Cuenta una teoría de Samuel Butler que la 'Odisea' no es toda mérito de Homero, sino que una princesa siciliana, nacida dos siglos después, acabó de darle forma a la historia del regreso a Ítaca. Esa princesa, Nausícaa (la que quema los barcos), y esa teoría, son los protagonistas de 'La hija de Homero', del británico Robert Graves (autor de la imprescindible 'Los mitos griegos'), una novela que resulta interesante, divertida y entrañable. Las similitudes entre la 'Odisea' y 'La hija de Homero' son (salvando muchísimas diferencias), más que palpables. Y no sólo porque los protagonistas y el escenario aparezcan en la propia obra de Homero (Nausícaa, hija del rey de los feacios, Alcínoo, y su esposa Arete, encuentra a Odiseo naufragado y su padre, después de que el héroe le relate sus aventuras, le ofrece unas naves para llegar a Ítaca). El personaje de Nausícaa bebe un tanto de esa Penélope desesperada por los aspirantes a casarse con ella y ocupar el trono del rey, su marido... La diferencia es que Nausícaa no tiene que pasarse veinte años destejiendo de noche lo que teje de día para evitar el matrimonio forzado y que es bastante más combativa. La princesa es un bombón de personaje. No me extrañaría nada que Lindsay Davis se hubiera inspirado en ella a la hora de trazar a la romana Flavia Albia. Nausícaa es inteligente, lista, culta, divertida, irónica, combativa, mandona y bella. Es ella la que toma las riendas de la familia y del poder cuando su padre se marcha de la isla en busca de su hijo mayor y heredero, Laodamante, que un año antes se embarcó, azuzado por su caprichosa mujer, Ctimene, para conseguirle un collar de ámbar que eclipsara todos los demás collares vistos nunca antes en Sicilia. Ella es la primera que sospecha que detrás de la desaparición de Laodamante hay una conjura para usurpar el trono y la primera que decide estar alerta, fijarse en los detalles, descubrir quiénes están con su familia y quienes son los que pretenden, a no muy largo plazo, someterlos o matarlos. Lo de la observación lo tiene fácil, ya que 120 pretendientes que aspiran a casarse con ella (entre los que se cuentan sus enemigos), ocupan el patio del palacio, donde duermen, beben y comen, esquilmando, poco a poco, los rebaños y la despensa del rey. Nausícaa, a diferencia del resto de mujeres de palacio, no está dispuesta a resignarse a casarse con uno de los asesinos de su sangre y a vivir como reina consorte de la isla que un día fue de su familia. Cómo, haciendo caso a esa teoría, Nausícaa acaba metiendo su mano en la 'Odisea', obra que admira y a la que hace referencia constante durante la novela, para convertirla en un relato más humano, doméstico y de relaciones que la original, se revela al final del libro, en los últimos párrafos, pero eso es lo de menos. No es uno de los valores principales de 'La hija de Homero', donde lo que destaca son los personajes, la historia clásica, las alusiones a la mitología y unos diálogos medidos, en su estructura, en sus palabra y en su tono, para que de verdad

"Una desdichada tarde, hace tres años, cuando hacía aún muy poco tiempo que mi hermano Laodamante estaba casado, comenzó a soplar el viento que llamamos siroco y una enorme nube se echó pesadamente sobre los hombros del monte Erix. Como de costumbre, se agostaron las plantas de mi jardín, mi cabello perdió sus rizos y todos se volvieron quisquillosos y pendencieros."

Título: 'La hija de Homero'
Autor: Robert Graves
Editorial: Edhasa
Páginas: 384 
Precio: 1,5€
Procedencia: mercadillo

viernes, 17 de marzo de 2017

'¿Qué tal el dolor?', cuando necesitas un tonto que te ayude a suicidarte


El final de esta historia está al principio. Simon, un hombre de edad avanzada se suicida en su habitación de un balneario donde parece estar pasando unas vacaciones. Después de molestarse porque una moto de dos tiempos le despierta de madrugada, de darle un bocado decepcionante a una manzana que se guardó tras la última cena, de ducharse, de afeitarse y de ponerse ropa limpia se ata al cuello una cuerda blanca con los extremos rojos y espera. Espera a Bernard, el joven atontolinado que le dará la patada definitiva a la silla sobre la que está subido. Porque él... Él no se atreve. Tiene clarísimo lo que quiere hacer, está decidido, pero no tiene el valor suficiente para esa patada definitiva. Así que ahí está, esperando escuchar los pasos de Bernard que, como una cuenta atrás, le anunciarán su final. Un principio tan impactante que no te permite dejar de leer '¿Qué tal el dolor?', una historia de Pascal Garnier que sorprende por el tono un tanto cómico que va adoptando así como avanzan las páginas. Y es que Bernard, el hombre al que le encarga poner fin a su vida, no es un sicario ni un profesional. Ni siquiera es alguien espabilado, con iniciativa. Tampoco un hombre con un punto macarra o que haga intuir que algo turbio se esconde en su interior. Nada que nos pueda hacer pensar que es capaz de acabar con la vida de alguien de forma premeditada. De hecho, es un joven bastante bobo que aún vive atado a las faldas de su madre alcohólica, que tiene una idea absurdamente romántica de la vida y que no duda en creerse un príncipe salvador de mujeres en apuros (bueno, de una mujer en apuros y su bebé) mientras acompaña a Simon, que le ha contratado como chófer, en su último viaje y su última aventura. Eso sí, el recorrido en un coche de lujo por el Sur de Francia no es el que el anciano, enfermo pero con una importante misión que cumplir aún, esperaba, ya que Bernard acaba convirtiéndolo en algo mucho menos íntimo de lo que él esperaba. Se lee de un tirón. Sin pausas. Con algunas risas.

"Quizá por haber dormido demasiado tiempo junto al cuerpo helado de su madre o bien por culpa de la humedad omnipresente, el caso es que Bernard está hecho polvo, molido, moqueando y con la cabeza embotada. ¿Qué les pasa a estos viejos, que quieren todos cargarle a él con el trabajo sucio?".

Título: ¿Qué tal el dolor?
Autor: Pascal Garnier
Editorial: Alba
Colección: Novela negra
Traductora: Isabel González-Gallarza
Páginas: 160
Precio: 16,50€
Procedencia: biblioteca del trabajo

lunes, 13 de marzo de 2017

'La chica del tren', leer fácil olvidar fácil


Hay libros que son para una tarde de invierno en el sofá o para una mañana de verano en la piscina. Libros que se leen de una sentada. Que se leen rápido. Y que se olvidan aún más rápido. Hace apenas un par de días que he terminado 'La chica del tren', de Paula Hawkins, y ya casi no me acuerdo ni de la historia ni de los personajes. Una y otros realmente anodinos. Y, por más vueltas que le dé, aún no lo entiendo. Porque la historia es original, bueno, el punto de vista, más bien, aunque en realidad no deja de ser una versión del testigo voyeur, en fin. Y algunos de los personajes, como la protagonista, podrían ser realmente buenos, pero hay algo que no acaba de cuajar. Esa protagonista es Rachel, una treinteañera separada que aún vive pendiente de su exmarido (que ha rehecho su vida con la mujer con la que le engañó) con el que intentó, sin éxito, tener hijos, un golpe que, lejos de asumir, la sume en la bebida, que arruina también su vida profesional. Incapaz de confesar que la han despedido, Rachel sigue cogiendo cada mañana el mismo tren en el que iba al trabajo, el de las 8.04, desde el que divisa no sólo su antigua casa, sino un trozo de la vida de los que serían sus vecinos, una pareja que a le parece idílica hasta que un día la ve a ella, Megan, con otro hombre y hasta que descubre que Megan ha desaparecido. Varias coincidencias harán temen a Rachel que ella, incluso, puede ser la asesina. No voy a hacer un destripamiento (spoiler, para los modernos) del libro, pero a pocas novelas negras que un lector lleve a sus espaldas, intuirá por dónde van los tiros. A pesar de eso, el libro se lee de un tirón, siguiendo las voces de algunos de los protagonistas, que presentan sus diferentes puntos de vista sobre el asesinato. Hasta los últimos capítulos. Porque en ese momento en que todo está a punto de descubrirse, estuve a punto de cerrar el libro y olvidarme de todos: de la pobrecita Rachel, de la débil Megan, de la retorcida Anna, del iracundo Scott y del insoportable Tom. Porque, sinceramente, no me he creído a ninguno de ellos, sobretodo sus reacciones en los últimos compases de esta novela que... ¿de qué iba?

"Hay una pila de ropa a un lado de las vías del tren. Una prenda de color azul cielo -una camisa, quizá-, mezclada con otra de color blanco sucio. Seguramente no es más que basura que alguien ha tirado a los arbustos que bordean las vías. Puede que la hayan dejado los ingenieros que trabajan en esta parte del trayecto, suelen venir por aquí. O quizá es otra cosa".

Título: 'La chica del tren'
Autora: Paula Hawkins
Traductor: Aleix Montoro
Editorial: Planeta
Páginas: 496
Precio: 19,50€
Procedencia: biblioteca papá y mamá

lunes, 6 de marzo de 2017

'Malena es un nombre de tango', la sangre, los secretos, las pasiones...


Malena o Reina. La pasión o el comedimiento. Ir con el corazón y la piel desnudos, dispuestos a sentir y a sufrir. O envolverlos y esconderlos para que nadie (excepto tú misma) los dañen o los llenen de ponzoña. Malena o Reina. Hay que  escoger. Desde las primeras páginas. Tomar partido. Porque sólo así es posible leer de verdad ‘Malena es un nombre de tango’, de Almudena Grandes, una novela en la que los sentimientos y las relaciones familiares se trenzan, se lían, se enredan y crean nudos imposibles de deshacer. Malena o Reina. La melliza sana, de labios de india, con la sangre de Rodrigo (ese antepasado que participó en la conquista de Perú) corriendo por sus venas, rotunda, explosiva de cuerpo, de emociones y de palabra. La melliza que nació pequeña, de rasgos delicados, cándida (cuidaos de las cándidas, a las que no lo somos se nos ve venir), buena, la que hace lo que se supone que debe hacer, la que viste con recato y esconde las emociones y la lengua. Malena y Reina. Ellas son las guías por la historia familiar, por un árbol genealógico que se remonta a los años de Pizarro en las Américas, de donde procede una de las reliquias familiares, una esmeralda que Malena acarreará durante toda la novela, desde que su abuelo, ese hombre callado que lleva a sus espaldas una vida con dos familias y que sólo muestra su cariño con Pacita, su nieta discapacitada, reconoce en ella su propia sangre y se la entrega, a escondidas, cuando es apenas una niña. Un secreto que la Malena niña, a pesar de su edad, entiende que debe guardar. Un secreto entre abuelo y nieta. Sólo uno más de los secretos que los personajes, trazados al milímetro, guardan con celo. Con avaricia, incluso. Secretos que intuyes, que sospechas, que juegan contigo como esos mosquitos que te rondan durante el sueño y no llegas nunca a ver, por más veces que enciendas la luz.

‘Malena es un nombre de tango’ (después de varios libros de periodismo necesitaba uno así, largo, lleno de subordinadas y coordinadas y de frases que ocupan un párrafo y que rebuscan dentro de la piel y las entrañas) va, a veces, hacia atrás. A veces, también, da un paso adelante, unos años, en las vidas de sus protagonistas. Malena. Reina. Adolescentes. Lanzada una al amor y al sexo sin barreras. Aparentemente contenida la otra. Y así etapa tras etapa. Juventud. Matrimonio. Maternidad. Dos vidas paralelas condenadas a ser secantes. Dos vidas que se exhiben al lector como no se muestran a sus protagonistas, desconocedoras de los secretos que guarda la otra. Reina no sabe nada de la esmeralda. Ni de que Magda, la pasional y exuberante tía que se metió en un convento del que se escapó, está en realidad muy cerca. Malena no sabe que Reina le sigue los pasos, robándole su vida, hurtándole el amor, espantándole a quienes la quieren, comiéndosela como la carcoma sin que se dé cuenta hasta que todo empieza a desmoronarse. Y entonces sí. Entonces se ven los agujeritos de la carcoma. Y las picaduras de los mosquitos que te rondaban durante el sueño.

"Yo estaba escondida detrás del castaño de Indias y recuerdo las pequeñas esferas erizadas de pinchos que asomaban entre las hojas, así que debíamos estar en primavera, quizás ya en la frontera del verano, y supongo que me faltaba poco para cumplir nueve años, tal vez diez, pero seguro que era domingo, porque todos los domingos, después de oír misa de doce, íbamos con mamá a tomar el aperitivo a casa de los abuelos, un sombrío palacete de tres pisos con jardín, Martínez Campo casi esquina con Zurbano, que ahora es la sede española de un banco belga".

Título: 'Malena es un nombre de tango'
Autora: Almudena Grandes
Editorial: Tusquets editores para Círculo de Lectores
Páginas: 640
Precio: 1,5€
Procedencia: mercadillo

jueves, 2 de marzo de 2017

'El año en que me enamoré de todas', mejor para veinteañeros


'El año en que me enamoré de todas', de Use Lahoz, tiene buenas frases. Algunas un poco cursis ("...no desprecies lo cursi. Todos lo somos a las tres de la mañana..."), pero bueno, de ésas que te llaman la atención y anotas en ese cuaderno en el que llevas tiempo guardando frases. Y ya está. No he sacado mucho más de esta novela que en 2013 se hizo con el Premio Primavera de Novela. Y no sé por qué. En realidad está bien escrita y la historia (las historias) que desgrana son interesantes y cercanas. Pero yo no he entrado en ninguna de ellas. La primera, la de Sylvain, un treinteañero francés que va a vivir a Madrid, donde teme y desea encontrarse con su exnovia Heike ("... hay heridas que sólo cicatrizan por fuera..."), no me ha llegado nada. Sinceramente, Sylvain me ha parecido un niñato, con ínfulas, pero un niñato. Un crío de treinta años que se sigue comportando como si tuviera veinte. La segunda historia, la de la familia Fournier y sus pastelerías, que el propio Sylvain lee en un manuscrito que llega a sus manos, me ha encantado. Me ha gustado muchísimo. Hasta que las dos historias se unen. Porque ahí descubrimos que Metodio Fournier, quien escribe la historia de su familia, no es un ancianito como en todo momento habíamos pensado por cómo se desarrolla la historia sino que tiene la misma edad que Sylvain. Y luego está la vida sentimental de su madre, que es apasionante, y que tiene un corazón a prueba de desengaños que no duda en llevar al taller de monsieur Tatin cada vez que siente que se le ha estropeado o que se lo han destrozado ("... a veces, del amor se sale como de una catástrofe aérea..."). Todas esas escenas me recordaban profundamente a 'La mecánica del corazón', de Mathias Malzieu, y, aunque llamativas y bonitas, me chocaban. Me chirriaban, como un engranaje que no encaja bien en toda la novela. De hecho, creo que monsieur Tatin ("... el corazón está para usarlo...") hubiera dado para una novela propia, igual que la madre de Sylvain y que la historia de amor y azúcar glass de la familia Fournier. Todo lo que le ocurre al protagonista, sinceramente, me ha sobrado. Tengo la sensación de que mi impresión hubiera sido otra si hubiera leído esta novela hace diez años. Quizás entonces hubiera entendido a Sylvain. Sus problemas. Sus dudas. Sus nervios. Sus inquietudes. Quizás entonces no hubiera pensado que es un niñato, que ya crecerá y, con suerte, se parecerá un poco a monsieur Tatin.

"Cada vez que mi madre y yo sufríamos una decepción por amor acudíamos al taller de Monsieur Tatin para que nos reparase el corazón. Por eso, antes de trasladarme de París a Madrid para reencontrarme con la última mujer que me lo había parado en seco, fui a visitarle."

Título: 'El año en que me enamoré de todas'
Autor: Use Lahoz
Editorial: Espasa
Páginas: 304
Precio: 19,90€
Procedencia: biblioteca Vicent Serra i Orvay

lunes, 27 de febrero de 2017

En las páginas del siglo XVII del 'Blanc' y el 'Vermell'

 
@Martatorresmol

Adivinar por qué se llamaban el ‘Llibre Blanc’ y el ‘Llibre Vermell’ (Libro Blanco y Libro Rojo) de la Universitat de Ibiza (el órgano de gobierno y representacion local de Ibiza y Formentera entre los siglos XIII y principios del XVIII) es ahora imposible. En su tiempo, cuando estaban recién encuadernados era fácil. Piel crema de buena calidad para envolver las páginas del ‘Llibre Blanc’. La misma, pero de un rojo encendido de la que apenas se conservan unos retazos marrones en el lomo, servía para distinguir el ‘Llibre Vermell’ entre todos los legajos que se escondían en la habitación del escribano de la Universitat, allá por el siglo XVII. Todos en el Archivo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Ibiza pensaban que los dos volúmenes, que recogen la contabilidad de la Universitat, habían desaparecido. Pero en 1987, un día cualquiera, mientras los responsables del archivo hacían limpieza, aparecieron. En un rincón. En el mismo lugar en el que alguien, hacía siglos, los había dejado. Con el tiempo y la falta de espacio otros legajos cayeron sobre ellos. Polvo. Más documentos. Otros libros. Polvo. Y así, poco a poco, desaparecieron de la vista. Todos los buscaban sin éxito a pesar de que estaban allí, sepultados.



Los dos, el ‘Llibre Blanc’ y el ‘Llibre Vermell’, necesitan una restauración. No sólo para recuperar las encuadernaciones de colores que abrigan las más de 350 inmensas páginas que componen cada uno de ellos. A pesar de que el papel es de muy buena calidad, las manchas de humedad y los hongos han hecho mella en ellos. Los bordes son irregulares y una nube de polvo emborrona la vista al pasar cada una de las gigantescas hojas. Antes de que la restauradora se ponga a trabajar, los responsables del archivo eliminan con un pincel el polvo agazapado en los pliegues del papel. Piedras diminutas salen despedidas con una sola caricia de las cerdas. La importancia de estos libros no sólo radica en los detalles que revelan sobre las cuentas de la antigua Universitat, sino también en que son de los pocos que se conservan escritos en catalán, ya que son anteriores a los Decretos de Nueva Planta que, promulgados entre 1707 y 1716 por Felipe V tras la Guerra de Sucesión, abolieron las leyes e instituciones propias de los reinos de Valencia, Aragón y Mallorca y el Principado de Cataluña.



El ‘Llibre Vermell’ recoge todas y cada una de las compras que efectuó la Universitat entre 1601 y 1621. Lo que se vendía, lo que se pagaba, la fecha, a quién... Nada escapaba a la tinta del escribano. La causante de otro de los problemas que sufren los libros. En varios textos, la extrema acidez del pigmento se ha comido el papel. De hecho, al poner al trasluz algunas de las páginas, especialmente aquellas en las que la elegante caligrafía conserva un intensísimo color negro, se aprecian pequeños agujeros. Como si en vez de con pluma y tinta las palabras se hubieran grabado con un tizón demasiado caliente. Sus 550 páginas repartidas en 18 cuadernillos y encuadernadas en pergamino están agrietadas. Hay agujeros en la encuadernación. Además de insectos, manchas de humedad y arrugas.


«Joan Llobet promet que farà bona administració de 54 lliures i 7 sous» ("Joan Llobet promete que llevará a cabo una buena administración de 54 libras y 7 sueldos") es una de las inscripciones que pueden leerse entre las muchas indicaciones sobre la harina o el maíz que se había comprado. También es posible saber que el 9 de mayo de 1611, al señor Balanzat se le pagaron 2.771 libras. Unas líneas paralelas en diagonal, tachando varias líneas de texto indican que esa deuda se había saldado. «Aunque también pueden ser equivocaciones. Se tachaba y se volvía a empezar», comenta Fanny Tur, la responsable del archivo, señalando dos textos similares, uno de ellos rayado. A veces, pasar las páginas del libro es complicado. Centenares de pliegues más pequeños cosidos con mimo al borde de las hojas complementan las informaciones. Recibos o textos manuscritos en los que el personal de la Universitat se compromete a hacer buen uso del dinero que le han adelantado, en su mayoría para las compras, como la de Joan Llobet.


El ‘Llibre Blanc’, por su parte, recoge los deudores de la Universitat entre 1686 y 1708. Este volumen (350 páginas en 22 cuadernillos encuadernados en cartón forrado de pergamino) se encuentra en mejor estado que el 'Vermell'. El hilo aguanta fuertemente amarrados los pliegos de papel y éste se aprecia menos manchado. En él se descubre, por ejemplo que Joan Soler debía «1.604 modins de sal» que se habían descargado de una embarcación llamada ‘La Dorotea’. El escudo con que algunos notarios daban fe de que la deuda se había saldado adornan el margen de varios de los escritos. También permite conocer datos curiosos de la vida cotidiana de la Universitat, como lo que se pagaba por el tabaco: «D’ordre del magnífic senyor jurat mossen Antonio Riera Clavari entrega 1.132 reals i mig de plata per 453 lliures de tabac de fum», ("de orden del magnífico señor jurado Antonio Riera Clavari entrega 1.132 reales y medio de plata por 453 libras de tabaco de fumar") reza uno de los escritos leído al azar de uno de estos dos libros que permitirán desentrañar un poco más el día a día de la Universitat de Ibiza.

*Publicado en un especial de Sant Jordi de Diario de Ibiza

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